Miedo a los gatos y felinos en general. Te horroriza cruzarte con un gato negro, no por la mala suerte sino por la desconfianza que te provocan esos ojos amarillentos que se clavan en tu cerebro como un dardo envenenado. Un escalofrio te recorre por tu cuerpo cuando ves a un gato enseñando la dentadura con el pelo erizado.